El Quijote
A pesar de la estrecha relación entre problemas de salud y problemas dentales, en tiempos cervantinos la odontología no era considerada ciencia; los médicos de entonces despreciaban todo lo que tuviera relación con la boca.
De esta manera, charlatanes y barberos se ocupaban de poner sus tenazas al fuego para extraer muelas a tirones. En realidad, era un método que no carecía de efectividad, pues respondía a un planteamiento simple: si no hay pieza, no hay dolor. Tras el episodio que llevó a don Quijote a confundir manadas de carneros con ejércitos saldría con la dentadura maltrecha...
Hasta ese momento, Alonso Quijano presumía de tener la boca tan sana que en toda su vida le habían sacado diente ni muela, como tampoco se le había caído “ni comido de neguijón, ni de reuma alguna”. El neguijón y el reuma, a los que hace referencia don Quijote, son dolencias dentales que hoy conocemos como caries y como placa infecciosa.
En la época de Cervantes la caries era causada por un gusano invisible al que se combatía de raíz con la punta de una aguja puesta al fuego. Por otro lado, el reuma dental se correspondía con la gingivitis o corrimiento de las encías que era debido a un proceso inflamatorio.
Tuvo que pasar tiempo para que la caries dejase de ser causa de un gusano invisible y de eso se encargó Pierre Fauchard cuando, en el año 1728, entregó a la imprenta su tratado "Le chirurgien dentiste" (El dentista cirujano).
Imagen: Franc-Comtois
Fuente: El País