Una boca sana tiene que tener una lengua sana.
Limpiar la lengua con un limpiador lingual específico o un cepillo suave es fundamental, ya que la lengua actúa como una esponja donde crecen multitud de bacterias.
La lengua sana debe ser de color rosado, no tener bultos, manchas o úlceras. Acude a una revisión ante cualquier anomalía que detectes en tu lengua, aunque sea indolora.