Productos fríos
Morder un producto frío con un diente dañado o sensible provoca un dolor que hace ver las estrellas a muchos. Esta molestia, catalogada como "especialmente insoportable", ha supuesto un auténtico misterio para los científicos, que se han visto incapaces de comprender cómo se produce.
Sin embargo, una investigación llevada a cabo por Jochen Lennerz, patólogo del Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos), ha dado con una principal sospechosa: la proteína TRPC5. Según el estudio, referido a su vez por Science Alert, este componente se encuentra alojado en unas células o moléculas llamadas ondoblastos pertenecientes a la capa que hay debajo del esmalte de los dientes. Estos ondoblastos que dan forma a los incisivos contienen unas moléculas constituidas por unas proteínas que actúan como sensores del frío, las TPRC5.
"La investigación revela una nueva función de esta molécula, lo que resulta emocionante desde el punto de vista científico", señala Jochen Lennerz. “Ahora sabemos cómo evitar que se dé esta voz de alarma que alerta sobre la presencia de bajas temperaturas para poder inhibir el dolor dental".
Esto sugiere que la función de detección del frío está presente en los dientes humanos. La TPRC5 puede encontrarse en otros lugares del cuerpo, y se ha demostrado en anteriores ocasiones que es un igualmente detector de las bajas temperaturas que desencadenan diferentes acciones biológicas.
Algunos de los motivos por los que los dientes pueden volverse sensibles al frío son las caries, la erosión de las encías fruto del envejecimiento o uno de los efectos secundarios de la quimioterapia. Pese a la detección de estas dolencias, los dientes humanos son muy difíciles de estudiar. De hecho, el grupo responsable de la investigación encabezada por Lennerz ha necesitado más de diez años de trabajo. Por suerte, el descubrimiento del papel de las células TPRC5 y de los ondoplastos es algo en lo que futuros estudios pueden profundizar.
Fuente: @elconfidencial
