Historia dental II

Historia dental II

¿Sabes qué tenían en común la reina Isabel I de Inglaterra y George Washington?

Basta fijarse en la imagen del presidente Washington en cualquier billete de un dólar, donde aparece apretando la boca, literalmente, por el esfuerzo de sostener la "precaria" dentadura postiza que llevaba.

La reina Isabel I de Inglaterra acostumbraba a disimular las oquedades de su dentadura con pedazos de tela. Aunque no parece una gran solución, a juzgar por lo que dijo un embajador de Enrique IV de Francia (1553-1610), era mejor lucir aquel pegote que su verdadera dentadura: “Sus dientes son muy amarillos y desiguales (…). Muchos de ellos faltan, por lo que a uno le cuesta entenderla cuando habla deprisa”, dijo el diplomático.

Más que lo primitivo de los implantes y las dentaduras, que desde época medieval eran feudo de los barberos, el problema en el siglo XVI era la falta de higiene bucal. De hecho, esta afirmación vale para toda la historia de la humanidad hasta el siglo XIX, cuando el dentista Willoughby D. Miller descubrió las bases microbiológicas de la caries.

A falta de profilaxis, hasta ese momento, la historia de la ortodoncia es la de los variopintos implantes que se improvisaron.

Algunos de hueso, y otros de marfil, eran por lo general muy incómodos y a la larga bastante pestilentes. Además, una mala solución para las enfermedades bucales, a veces tan dolorosas que obligaban a los pacientes a tomar opio regularmente.

 

 

 

 


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